¡Cenicienta Tour: Tercera parada!

viernes, 5 de diciembre de 2014

¡Hola chicos! 

Creo que ya les había mencionado el BlogTour del libro: La Historia de una Cenicienta. Es organizado por la editorial Genesis Publishing, con la cual colaboramos. Y bueno, esta es la tercer parada. (Si quieres ver las otras dos hace click aquí y aquí).
El objetivo es dar a conocer el libro y participando en el blogtour, podéis conseguir una copia digital del libro. 







Sí te apetece participar, las bases para hacerlo son:

1. Seguir a todos los blogs del Blogtour. Les dejo los enlace a los otros blogs aquí:



- Cosmos Literario Juvenil. (Siguiente parada).




2. Comentar y ser participativo en todas las publicaciones que se harán esta semana. Como les dije, ya se han realizado dos paradas, allá arriba los links. 




¡Entonces vamos a dar comienzo!

¿De qué va esta actividad?


Pues sencillo, lo que tenes que hacer es:
Extracto de un Capítulo.
Los participantes tendrán que combinar una banda sonora con lo que han leído en el texto, y señalar el enlace youtube del vídeo en los comentarios.


Así de fácil, ya ven. Por lo tanto, les dejo a continuación el extracto que tenéis que leer. Luego solo deben dejarnos la url del video que crean que le sienta mejor. 



Extracto del capitulo de La Historia de una Cenicienta:

  ...
-Julian-

Decir que estaba impaciente era un eufemismo puro. Si mal soportaba que Costanza no se hubiera puesto el vestido que mi abuela le había hecho entregar, pero que en realidad yo había escogido para ella, verla bailar con él, bajo mis propios ojos – después de mis recomendaciones y el acercamiento que se había producido entre nosotros – me hacía hervir la sangre en las venas. Di unos pasos hacia ellos, arreglando mi pelo, furioso y nervioso, tratando de controlar mi rabia. Toqué el hombro de Abate, sabía que no estaba en condición de provocar un escándalo; Pero no lo habría dejado coquetear con Costanza, no en mi casa, no si hubiera podido evitarlo.
«¿Cambio?», pregunté con la voz más tranquila de la cual era capaz en ese momento, a pesar de que por dentro me sentía como un volcán a punto de estallar.
«Si la Señorita está de acuerdo...» Murmuró Massimiliano, observándome con una mirada quemadera. Costanza asintió, pero noté la sombra fugaz que nubló por un instante sus iris cuando se encontraron con los míos. Estaba celoso, malditamente celoso. Por supuesto que no me gustaba que alguien invadiera mi zona de caza, pero más que nada, estaba preocupado.
«Tenemos que hablar.» Le susurré, acercándola más a mi cuerpo; Sin embargo, cuando sus dedos rozaron mis hombros, tuve que contenerme para no besarla delante de todos. La rabia que sentía, mixta a la atracción para la chica, eran como un fuego que me quemaba bajo piel... Imparable. La tomé de la mano para alcanzar la salida.
«¿A dónde me estás llevando?», me preguntó con un toque de aprensión, con una punta de un sentimiento mucho más fuerte; ¿Quizás fuera excitación, la emoción que leí claramente en sus joyas de oro?
«En un lugar más tranquilo y sin toda esa gente.» La empujé hacia la cocina, cerrando la puerta detrás de mí. La abuela había dado un día libre a la servidumbre, ya que todo el servicio de la noche se había organizado en catering y yo estaba seguro de que allí nadie nos habría molestado.
«Pensé de haber sido claro con respecto a Abate.» Estallé, incapaz de detener mi rabia. Costanza me miró a los ojos con su habitual aire de desafío, parecía sentir gusto en contradecirme.
«Julian, tal vez no entiendas una cosa... ¡Tú no eres mi amo, ni mi señor!» Ella respondió áspera, tratando de zafarse de mi alcance.
«¡Lo sé!» Contesté con el mismo tono, «Y luego, yo no soy esa clase de hombre... Tú serías libre de hacer lo que quieras con cualquier otra persona...»
«¿En serio?», preguntó con incredulidad, levantando una ceja.
«No, tal vez no, pero el punto no es esto; ¡Sólo quiero protegerte!» dije, por enésima vez, exasperado. Me sentía como una especie de superhéroe empollón que trata de salvar de las garras del enemigo su damisela, la cual, en vez de darle las gracias, le gustaba poner trabas.
«¿Protégeme de qué? ¿Quieres hacerme creer que Max sea más peligroso de ti?» Estaba jugando con mi orgullo masculino, estaba claro, pero ¿cómo demonios podía pensar con lucidez cuando ese maldito collar, alrededor de su cuello no hacía más que llamar mi atención sobre sus dulces redondeces? Me decidí a enviar mi racionalidad de vacaciones, sólo por un momento. Sin previo aviso, la levanté del suelo y la hice sentar en uno de los estantes azulejos de la cocina. El vestido blanco se disparó, revelando una generosa porción de sus muslos de ámbar. Puse mis manos en sus caderas y la besé.

-Costanza-

La respuesta que Julian reservó a mi pregunta, hizo parecer Massimiliano como un cordero manso y humilde. Yo no sabía qué hacer con él; siempre lograba sorprenderme y me cogía desprevenida. Me esperaba una escena digna de los peores barrios, a lo contrario, allí me tomó y me besó como si nada hubiera sucedido. Tenía que estar enojada con él, ¡maldita sea! En cambio, yo no podía hacer nada más que consentir a sus toques calientes y apasionados; anhelar su boca en la mía y esos labios que me hacían perder totalmente el contacto con la realidad. Insinuó una mano debajo de mi falda, acariciando mi pierna y haciéndome temblar. Dejé mi cabeza contra la pared cuando derribó a lamer mi cuello con la lengua. Lo odiaba, odiaba la forma en que me hacía sentir, sobre todo porque yo nunca habría estado harta de ese tratamiento. Cuando fue casi segura de no tener más maneras de escapar, como si se tratara de una intervención providencial, toqué con el tacón del zapatillo, bajo el estante, el reloj para el horno, presionando ese botón, comenzó a sonar como loco. Julian se vio obligado a separarse de mí y yo tuve que recuperar el control de mí misma. El “Jovencito”, gruñó con exasperación, presionando algunos botones al azar, hasta que esa cosa se apagó.
Estaba chalada. Murmuré a mí misma, con el conocimiento de la veracidad de esas palabras que pesaba sobre mis hombros. ¡Bueno, el primer paso para curar la enfermedad es admitirlo! Suspiré, frenando el deseo de pasar las manos por su cabello suave y ligeramente despeinado. En cambio cedí a la curiosidad y a lo que se había convertido en una prioridad para mí.
«Julian, no podemos seguir así... Me gustaría poder confiar en ti, pero ¿cómo puedo hacer eso si no me das una oportunidad?»
«No entiendo, yo nunca te he dado motivos para dudar de mí.» Dijo, casi haciendo pucheros.
«No es eso... Sólo quiero saber por qué odias tanto a Max. Parece un buen chico, tal vez apresure las cosas, pero...»
«¿Por qué caemos siempre en el discurso de siempre? Tienes que saber que es un sorete, ¡y eso es todo!» Respondió con nerviosismo.
«Si no quieres decirme nada, entonces voy a seguir viéndolo, ¡y eso es todo!» Utilicé sus mismas palabras.
...

¡Y ya, hasta ahí! Ahora lo único que les queda por hacer es buscar una canción y el vídeo y comentarla. Espero se animen, porque la actividad está buena y muy divertida. 


Eso es todo, chicos, por hoy al menos. ¡Espero verlos participando mucho! 


Nos leemos pronto.
Un beso,
Esther.



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